3.9.10

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(...) a partir del momento en que siento el amor, la alegría, la tristeza, es verdad que amo, que estoy triste o alegre, aún cuando el objeto no tenga, de hecho -eso es, para los demás o para mí mismo en otro momento- el valor que ahora le atribuyo.

 

La apariencia es realidad en mí, el ser de la conciencia estriba en aparecerse.

 

¿Qué es querer, sino tener conciencia de un objeto como válido (o como válido precisamente en cuanto no es válido, en el caso de la voluntad perversa); qué es amar, sino tener conciencia de un objeto como amable?



Y dado que la conciencia de un objeto envuelve necesariamente un saber de sí misma, sin lo cual escaparía y ni siquiera captaría su objeto, querer y saber que uno quiere, amar y saber que uno ama no son más que un solo acto (...)



Un amor o una voluntad que no tuviese conciencia de si sería un amor que no ama, voluntad que no quiere, tal como un pensamiento inconciente sería un pensamiento que no piensa.


                                                 Merleau-Ponty.

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