29.6.11

y un poco de verdad

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Precedentemente ha recordado que Platón ya había atendido al particular vínculo entre amor y verdad. Pero, según usted, ¿en qué es el amor un “procedimiento de verdad”?


En efecto, sostengo que el amor es lo que, en mi jerga de filósofo, yo llamo un “procedimiento de verdad”, es decir, una experiencia en la que un cierto tipo de verdad se construye. Esta verdad es muy simplemente la verdad sobre lo Dos. La verdad de la diferencia como tal. Y pienso que el amor -lo que yo llamo la “escena de lo Dos”- es esta experiencia. En este sentido, todo amor que acepta la prueba, que acepta la duración, que acepta justamente esa experiencia del mundo desde el punto de la diferencia produce a su manera una verdad nueva sobre la diferencia. Esta es la razón por la que todo amor verdadero interesa a la humanidad entera, por muy humilde que pueda ser en apariencia, por muy escondida que parezca. ¡Sabemos bien que las historias de amor apasionan a todo el mundo! El filósofo debe preguntarse por qué nos apasionan. ¿Por qué todos esos filmes, todas esas novelas, enteramente consagradas a historias de amor? Tiene que haber algo universal en el amor para que todas esas historias interesen a un público tan inmenso. Lo que hay de universal es que todo amor propone una nueva experiencia de verdad sobre lo que es ser dos y no uno. Que el mundo pueda ser encontrado y experimentado de otro modo que mediante una conciencia solitaria, he ahí de lo que cualquier amor nos da una nueva prueba. Y esta es la razón por la que nosotros amamos el amor, tal y como lo decía San Agustín, amamos amar, pero amamos también que otros amen. Simplemente, porque amamos las verdades. Ahí está lo que da todo su sentido a la filosofía: la gente ama las verdades, incluso cuando no saben que las aman.

Alain Badiou con Nicolas Truong
Elogio del amor.

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